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13 ENERO 2012     

Magdalena Ruiz Guiñazú: "Necesito sentir el cariño de mi familia"

Junto a su hija Paula Doretti en la intimidad de La Magnolia, su casa del Este, la conductora asegura: "Voy a trabajar hasta que me echen de todos lados"

 
La periodista y su hija Paula posan en la entrada de su casa frente al mar.  Foto: Revista ¡Hola!

Desde hace un cuarto de siglo, Magdalena Ruiz Guiñazú mantiene un hábito singular: se despierta de lunes a viernes ¡a las cuatro de la mañana! "Creo que no me voy a acostumbrar nunca, es como levantarse en la mitad de la noche. Aunque no lo crean, todavía tengo que ponerme dos despertadores. Y, después, tengo que dormir dos horas de siesta", cuenta desde el confortable ámbito de La Magnolia, la casa que tiene desde hace dos décadas en Punta del Este.

"Hace muchos años intenté cambiarme a un horario más tarde, pero la respuesta no fue la misma. Me gusta que la gente desayune conmigo. Ser la primera voz que ellos escuchan a la mañana no tiene precio y bien vale la pena el sacrificio", agrega convencida con una sonrisa. A los 75 años, Magdalena es una mujer de una enorme vitalidad. Además de su clásico programa de radio de las mañanas, acaba de publicar su segunda novela, La casa de los secretos , inspirada en algunas escenas de su infancia. "La escribí prácticamente acá en La Barra, es un lugar maravilloso", asegura.

Magdalena compró esta propiedad cuando La Barra era apenas un pueblito de pescadores. Después de ganar un juicio, vendió la casa que tenía en la zona del bosque de La Brava y, asesorada por su hijo menor, el arquitecto Cesar Doretti, buscó algo más cerca de la playa. "Siempre soñé con tener una casa frente al mar. Cuando la compramos tenía solamente un cuarto. Y, con la ayuda de mi hijo, la remodelamos para disfrutarla entre toda la familia", recuerda.

La periodista estuvo casada durante quince años con César Doretti, el padre de sus cinco hijos. "Nos separamos en 1967, cuando todavía no existía el divorcio. Fuimos unos de los primeros en conseguir el ‘67 bis’, que otorgaba una separación de común acuerdo". Años después conoció al que sería su gran amor, Sergio Dellacha, quien fue su pareja durante veintisiete años. "Era un gran hombre", recuerda hoy Paula Doretti, la menor de las tres hijas mujeres de Magdalena. Actualmente, Paula también se dedica al periodismo: es la representante en Argentina de la edición para América latina de la revista Vogue.

–Magdalena, ¿alguna vez pensás en retirarte?

–Cuando me echen de todos lados, sí. Pero la verdad es que me encanta lo que hago, mi profesión es parte de mi vida y lo más importante es la fuerte relación y las afinidades entrañables que tengo con mi público. Como periodista siento muchísima responsabilidad. Soy consciente de que genero opinión y de que no soy un ciudadano anónimo. Doy información y trato de que en el proceso se filtren lo menos posible mis propias ideas.

–Trabajaste en radio, televisión y medios gráficos… ¿Dirías que te queda algo pendiente?

–La verdad es que no. Siempre me gustó poder distribuir la profesión y tuve mucha suerte para poder hacerlo. A mí me costó relativamente poco abrirme espacios, creo que hay mucha gente valiosa que no tiene la misma suerte y se queda en el camino.

 
Magdalena y su hija en la biblioteca de la casa que recuerda buenos momentos.  Foto: Revista ¡Hola!

–Pero también trabajaste mucho…

–Es cierto, porque a la suerte hay que empujarla. Trabajé como un burro toda mi vida. Me acuerdo de que cuando era joven hasta escribí una historieta que se llamaba María y su problema durante cinco años en la revista Vea y Lea. Ahora me gustaría poder dedicarle un poco más de tiempo a escribir ficciones.

–En tu última novela, La casa de los secretos , hay referencias a tu propia vida. ¿Te gustaría escribir en un futuro tu autobiografía?

–No, hay demasiada gente escribiendo sobre sí misma. A mí me parece mucho más entretenido inventar historias. Estar en esta casa, en el Este, me ayuda muchísimo al proceso creativo. Soy de bajar a la playa, sentarme bajo la sombrilla y quedarme pensando durante horas.

–Comenzaste escribiendo a máquina. ¿Cómo fue pasar a la computadora?

–Hace doce años, mi marido me regaló una laptop y me acuerdo que le decía: "No me voy a entregar a ese aparato". Y él se reía muchísimo. Durante un año, la tuve guardada en el ropero hasta que me di cuenta de que no podía luchar contra el progreso y que tenía que aprender. Igualmente, reconozco que me costó muchísimo entrar en el mundo digital.

–¿Quién consiguió que te amigaras la tecnología?

–Contraté un profesor para que me diera clases particulares. Pero todavía soy bastante torpe. Cada vez que tengo una duda llamo a alguno de mis nietos para que me ayuden. La verdad es que me tienen bastante paciencia. Aunque siempre se muestra más paciente mi profesor… [Se ríe.]

–¿Cómo te definirías en tu rol de abuela?

–Creo que soy bastante presente. Tengo ocho nietos y me gusta organizar programas con ellos. Ahora que los varones son más grandes, también invito a sus novias. Disfrutamos mucho de ir al teatro y solemos ir al Colón. Eso sí, después nos encanta comer en el mítico restaurante Edelweiss.

–Tu marido murió hace seis años. ¿Volviste a enamorarte?

–Hoy no me imagino volviéndome a enamorar. Extraño muchísimo a Tato, sobre todo en esta casa, un lugar que construimos prácticamente juntos. Aunque nunca nos casamos y siempre vivimos en casas separadas, era un hombre muy presente en mi vida. Reconozco que no me llevo bien con la soledad.

–¿Por qué nunca se casaron?

–Había muchos hijos de los dos lados y era mucho mejor que cada uno conservara su propia casa. Creo que esa fue la clave para que nos lleváramos tan bien durante veintisiete años.

GRANDES COMPINCHES

–¿Qué cosas disfrutan de hacer madre e hija?

Paula: Acá descansamos y también ¡comemos mucho! Este es el lugar perfecto para compartir momentos con mamá. Ir al cine siempre es un plan que nos encanta.

 
Magdalena junto a Paula, la menor de las tres hijas.  Foto: Revista ¡Hola!

Magdalena: Además, nos gusta recibir gente. Puedo preparar platos simples, como tallarines con salsa o algo más elaborado, como pollo al curry.

–Paula, ¿cómo definirías tu vínculo con Magdalena?

–Creo que de las tres hijas mujeres, soy la más compañera. Somos muy parecidas y tenemos intereses en común. Cuando era muy chiquita, la acompañaba a todos los eventos y presentaciones. Me encantaba conocer gente y ver a todos bien vestidos. Mi mamá es un gran referente profesional para mí y muchas veces, antes de hacer un reportaje, la consulto.

–¿Te pesó ser "la hija de"?

–Al principio sí, porque siempre hacen comparaciones, pero cuando empecé todo sucedió de una manera muy espontánea. Hoy, después de tantos años, ya no me pesa el ser "la hija de". Además yo también la ayudo. Me transformé en su asesora de imagen y siempre le digo qué le queda bien y qué no.

–Y para vos, Magdalena, ¿cómo fue que Paula también se dedicara al periodismo?

–Me encanta, admiro mucho su trabajo. Al ser la representante de una revista mundialmente prestigiosa como Vogue en América latina, hace cosas que yo nunca podría hacer. Tiene una estructura mental y una organización increíbles.

–Se dice que los hijos siempre suelen ser pequeños grandes maestros. ¿Cuál fue el mejor consejo que te dio tu hija?

–Tratar de no perder el buen humor y animarnos a ser compinches. Aunque cada una tenga su propia vida, nos separamos lo menos posible. Sin dudas, esta casa ayudó mucho a eso, me encanta que nos juntemos acá… Es algo que me hace muy feliz.

Texto: Julia Talevi
Fotos: Paul Roger
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