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Revista ¡HOLA! Argentina
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03 OCTUBRE 2012     

Adolfo Cambiaso y María Vázquez: el reencuentro más esperado

Pasaron meses separados por sus compromisos laborales; ahora, se muestran felices y en familia desde su hogar en Cañuelas

Mientras habla hay una palabra que se repite una y otra vez, transformándose en la columna vertebral de su relato. En una acción que determina su vida y la de su familia. María Vázquez (37) describe un presente que está signado por la decisión de acompañar, o dejar de hacerlo. Y es que durante los últimos once años, desde que se casó en el registro civil de Máximo Paz con Adolfo Cambiaso (37), la modelo decidió poner en pausa su profesión para formar una familia y acompañar al polista a recorrer el mundo. Hasta este año. El 2012 fue atípico para los Cambiaso, porque por primera vez María eligió quedarse en Buenos Aires y no seguir a Adolfo por el itinerante calendario del polo internacional. "Tenía muchas ganas de pasar tiempo en la Argentina. Poroto, como le decimos en casa a Adolfo (h), empezaba el primer grado y quería que tenga la posibilidad de hacerlo junto con sus compañeros. Y, también, darme a mí la oportunidad de volver a trabajar", dice ella, que este año es una de las bailarinas que más brilla de Bailando por un sueño.

La decisión de quedarse sola junto con Mia (10), Adolfo hijo (6) y Myla (2) en Buenos Aires durante los meses de mayo, junio y julio, y de que los dos mayores viajen con su papá a Santa Bárbara, California, en agosto, provocó en María sensaciones nuevas. "Fue una experiencia dura para toda la familia, dura pero a su vez enriquecedora. Funcionó como un punto aparte en nuestras vidas. Y para mí fue una impasse necesario después de acompañar a Adolfo todos estos años", explica, y agrega: "De todas maneras, definitivamente tengo una elección hecha y esta puesta en mi familia. En acompañar a Adolfo que le va muy bien. Creo que serán algunos años más, después ya tendremos una rutina normal en Buenos Aires para largo tiempo".

-¿Adolfo empieza a pensar en su retiro?

-Por ahora no, porque todavía está en un muy buen nivel. No es algo que considere para un futuro inmediato, aunque por momentos se lo plantea. Los dos anhelamos mucho poder estar en Buenos Aires y esperamos en unos años más no tener que pasar tantos meses fuera de casa. Cuando llegue será un retiro entre comillas, porque él seguirá haciendo cosas en su empresa acá en la Argentina.

-¿Qué aprendieron de esta nueva experiencia?

-Fue la primera vez que pasamos tanto tiempo separados y, aunque tuvo aspectos malos, era necesario. Quedarme sola posibilitó que los chicos empiecen las clases con sus compañeros que generalmente no lo hacen y, por primera vez, después de mucho tiempo, tuvimos una rutina. Además, pude hacer un montón de cosas en mi casa y trabajar todo un año con continuidad. Por ahora estuvo bien, no se cómo será más adelante. Definitivamente, Adolfo quiere que lo siga acompañando y así será.

-¿Cómo se adaptaron tus hijos al cambio?

-Al principio les resultó raro que yo me quede por trabajo; les costó entenderlo. Pero después lo tomaron bien y fueron haciendo su vida normalmente. El mes que pasaron afuera me extrañaron muchísimo, pero desde que regresaron no nos despegamos más.

-Y Adolfo, ¿cómo se arregló con los chicos?

-Es un gran padre. Vivió la experiencia de hacer de mamá y papá a la vez. Creo que fue muy positivo. Les cocinó todos los días, les hizo programas y se ocupó de ellos full-time. La idea original era que yo viaje con ellos, pero mi mamá se enfermó y, como mis hermanos viven en el exterior, me quedé para cuidarla.

-¿Cómo viviste la enfermedad de tu madre?

-Me afligí mucho. De repente nos enteramos de que tenía un problema en el riñón y no se sabía muy bien de qué se trataba. Pero, gracias a Dios de lo grave que parecía, no fue tanto y pude estar para acompañarla durante todo el proceso de la operación.

 

DE AMOR Y MATRIMONIO

-¿En algún momento habían estado tantos meses separados?

-Desde nuestros años de noviazgo que no vivíamos separados tanto tiempo. Y la verdad es que nos hizo bárbaro. Fue como un volver a empezar, un volver a enamorarnos. Y eso estuvo muy bueno. Nos extrañábamos como si estuviéramos de novios.

-Llevan diceciocho años juntos, ¿cuál es la mayor fortaleza que tienen como pareja?

-No hay formulas mágicas. El secreto está en que todavía nos amamos, nos admiramos y tenemos tres hijos maravillosos que nos fortalecen como pareja. Cuando hay amor todo el resto fluye. Después nada es perfecto, son dieciocho años, con todo lo que eso implica, pasamos por diferentes etapas y crisis.

-¿Hicieron terapia de pareja alguna vez?

-No. Yo hago terapia en lo personal y muchas veces lo que hablo en ese espacio después lo llevo a casa. Y, alguna vez, Adolfo me acompañó a mi sesión para tratar temas puntuales de la familia. Me cuesta un montón llevarlo a Buenos Aires, así que darle continuidad a una terapia sería imposible.

-¿Cómo fue cambiando la relación con los años?

-Hoy tenemos un vínculo mucho más adulto, maduro y real que cuando teníamos 25. Entonces éramos menos conscientes, más individualistas y más idealistas. Con los años fuimos ganando en seguridad, aprendimos a conocer nuestros límites y nos establecimos en lo profesional e individualmente. Cuando éramos chicos todo lo bueno y todo lo malo pasaba más rápido. Cuando empezamos a formar una familia tomamos mucha más conciencia, nos pusimos en un lugar diferente en donde todo se negocia y se media en post de un bien mayor. A favor del proyecto que elegimos construir juntos.

-¿Seguís creyendo en el amor para toda la vida?

-Sí, sólo que hoy ya no son palabras vacías, sino que son hechos. La madurez y la experiencia trajeron un montón de cosas que están buenas. Hoy, entiendo que el amor lo construye uno todos los días y hay que trabajar mucho para eso, para seguir eligiéndose.

MIA, ADOLFO Y MYLA

-¿Cómo estás viviendo esta etapa de la maternidad?

-Mia cumplió 10, ya no es más una nena chiquita y está buenísimo, porque empezamos a compartir mucho más. Además, Myla tiene 2 y está mucho más independiente. Por suerte, se terminó la etapa de no dormir y de pañales y mamaderas por el mundo. Esto hace que tenga más tiempo para disfrutarlos a ellos, pero también para dedicarme a mí y a la pareja.

 

-¿Entonces la idea es no tener más hijos?

-No está en los planes. Pero la verdad es que Adolfo hijo se suponía que era el último y después llegó Myla. No quiero decir "nunca", "jamás" ni "siempre". Estoy tratando de erradicar de mi vocabulario esas palabras.

-¿Mia y Adolfo hijo siguen enganchados con el polo?

-Les encanta, porque están con eso desde que nacieron. A Mia en particular le gusta andar y ocuparse de sus caballos, más que jugar al polo. Disfruta de acompañar a su papá y conoce absolutamente todos sus caballos. Y a Poroto le divierten todos los deportes, se prende para jugar al fútbol, al polo, a lo que sea. Es un chico con mucha energía.

-¿Y a Myla cómo la ves?

-Nos supera a todos. Es la tercera y viene mucho más curtida. La avivaron sus hermanos y es muy cariñosa, buena y compradora. Creo que también yo encaré su crianza con una energía distinta. Tengo la esperanza de que no le gusten tanto los caballos y la naturaleza y de que se vuelque más por lo artístico. No pienso necesariamente en el modelaje, pero muero en que se dedique a alguna de las artes.

-¿Cómo están manejando los chicos la exposición que te da el Bailando... ?

-Muy bien. El otro día fueron con Adolfo al Aqua Dance y fue muy divertido. Además, está bueno. Es una manera de que entiendan por qué estoy tantas horas fuera de casa. Quedaron fascinados después de verme bailar, de repente les resultó rarísimo ver como mamá podía hace ese tipo de cosas. Por fin me transformé un poco en su ídola.

Texto: Julia Talevi
Fotos: Gabriel Rocca
Producción: Jorge Lukowski
Agradecemos muy especialmente a Ezequiel Ortiz Berné y La Dolfina Polo Lifestyle .