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Revista ¡HOLA! Argentina
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04 JUNIO 2013     

Soledad Aquino: "El poder modifica al hombre, pero Marcelo conserva su esencia"

La ex mujer de Tinelli habla en una charla sincera con ¡Hola! Argentina

Alo lejos, muy a lo lejos, su inconfundible melena, larga y rubia, hace fácil distinguirla. Mientras vamos a su encuentro, es imposible no sentirse "ajeno". Los integrantes de la Agrupación Tradicionalista El Lazo son auténticos gauchos. Hombres y mujeres que visten bombachas de campo, sombreros de ala, boinas ladeadas, ponchos criollos, alpargatas, fajas y pañuelos con puntillas, mientras preparan su propio asado y esperan a que empiece la jineteada. Sorprende encontrar a Soledad Aquino (51) en ese entorno. Pero para ella es su "lugar", el espacio donde no es la ex de Marcelo Tinelli (53), ni la madre de Micaela (24) y Candelaria (22), ni la "chica bien" de San Isidro. Ahí, en ese mundo de tradición y camaradería, es "el ángel rubio del Lazo", la dueña de Moro, su caballo desde hace siete años... Es el sitio donde saca a la luz toda su argentinidad.

–¿Qué significa El Lazo para vos?

–Es un lugar que quiero mucho porque papá, Ramiro, participó de su fundación, sesenta y nueve años atrás. Entonces, me crie con gente con muchos valores criollos. En mi familia hay catorce generaciones de argentinos; por lo tanto, los Aquino somos casi fundadores del país. Y lo que me gusta de esta asociación es que está conformada por gente que mantiene la cultura y la tradición argentina, los ideales que heredé.

–¿Tus padres eran tradicionalistas?

–Tradición, siempre, pero por el lado de papá. Mi madre, María Cristina Orfila, es una mujer muy coqueta, una lady. Y aunque siempre me entendió, fue papá el que me inculcó tanta pasión por mi país. Soy la más grande de cinco hermanos y la única que salió paisana y flamenca. Siempre me tiró lo cultural. Jamás quise ser modelo o tapa de revistas, a pesar de haberme casado con quien me casé. Cuando terminé el colegio, estudié Museología en el Cabildo de Buenos Aires, pero no terminé. Y a la par, trabajaba en la Casa de la Cultura. Creo que ese interés lo heredé de mi abuelo, Luis Isabelino de Aquino, que fue director y fundador del Museo Fernández Blanco. Ahí viví hasta los 7 años, después nos mudamos a San Isidro.

 

–¿Siempre te gustaron los caballos?

–Sí, es innato. Siento que tengo un don con los animales y por eso hice un curso de equinoterapia y también de doma tradicional. Mi sueño es poder crear un espacio donde se unan la pasión por los caballos y la solidaridad. Me arrepiento mucho de no haber seguido Veterinaria porque me fascina el cuidado de los animales.

–¿A qué edad y dónde aprendiste a montar?

–Tenía 4 años cuando me subí a un caballo por primera vez en el campo de León Anchorena, un íntimo amigo de papá. Después mis padres compraron un campo en Matheu, provincia de Buenos Aires, y lo llamaron "Don Ramiro". En mi adolescencia, me escapaba del colegio –iba al Labardén–, me tomaba el tren que iba a Victoria, y llegaba al campo para encontrarme con mi yegua, Gitana. La peinaba, la bañaba, paseábamos y después volvía a casa porque tenía que estudiar. Mamá era superexigente.

–Hablando de madres, ¿cómo te definís en ese rol?

–Me adapto mucho a los tiempos que corren para poder entenderme bien con Mica y Cande. Como tengo casa en San Isidro y ellas no manejan, ya no viven tanto tiempo conmigo, tienen base en el departamento de Marcelo, en Capital. Entonces, hablamos todo el día por teléfono, salimos a comer o paseamos por Palermo. Pasamos mucho tiempo juntas, soy una mamá muy presente.

–¿Qué admirás de cada una?

–Si empiezo, no paro. [Se ríe]. Son dos personas buenísimas, generosas e inteligentes. A veces me da miedo porque son muy buenas y algunas personas se aprovechan de eso. Pero yo las protejo. En eso, soy como Claudia Maradona. En un mundo de vampiros que te saca las ganas de vivir, nosotras somos madres leonas y nuestras hijas van primero. Tal vez las chicas no vivan en un mundo normal, pero son normales.

 

–¿Te gusta que salgan en las revistas?

–Si la prensa habla mal, me enoja mucho. Ellas no son ningunas malcriadas. Candelaria, por ejemplo, mantiene sus caballos con la plata de los cuadros que vende. Es ahorrativa, se las ingenia. Las dos son muy emprendedoras y Marcelo las ayuda porque las quiere ver felices, pero como es un trabajador y se rompió el lomo desde que era chiquito, quiere que las chicas prosperen por sí mismas. Tanto Cande como Mica saben que pueden tener muchas cosas materiales, pero que es más digno tener trabajo.

–Hablando de tu ex, ¿cómo lo ves hoy día?

–Siempre digo que la fortuna, el poder y el tiempo modifican al hombre, y no necesariamente para mal. En su caso, él conserva su esencia. Me alegra que le esté yendo tan bien, además es un hombre generoso que ayuda siempre a todos sus seres queridos. Pero también hay situaciones increíbles para mí... Me sorprende que vean a Marcelo como un sex symbol, no lo puedo creer.

–Recapitulemos, ¿cómo se conocieron?

–Yo tenía 24 y él, 26. Nos conocimos porque yo trabajaba como secretaria en el programa Badía y compañía, acomodaba a la gente en la tribuna. Y Juan Alberto fue nuestro celestino. Yo estaba saliendo con un chico y Badía hizo todo para que me separara. No paró hasta que logró que me enamorara de Marcelo.

–¿Hoy podrías ser la mujer de Tinelli?

–Nunca lo pensé, porque creo que está en otra. Pero lo veo muy feliz y a mí me importa eso. Y que sea buen papá. Para nuestras hijas es un gran consejero y está muy presente. Durante un tiempo estuve molesta con él porque se había casado otra vez y no estaba más a mi disposición. Pero con el tiempo maduré y entendí que hacía lo que podía. La verdad es que con Paula armó una familia divina y, aunque no la conocí mucho, sé por mis hijas que es una gran mujer. Ahora, con Guillermina, tengo un buen feeling. Me cae fabuloso y, aunque no podría ser su amiga, sí podría ser mi hija. [Se ríe]. Es una madraza y la veo muy familiera.

–Y vos, ¿estás enamorada?

–Ahora no. Y me cuesta enamorarme. Soy una mujer muy definida e independiente, entonces es difícil encontrar a alguien que quiera lo mismo que yo. Tuve novios y salí con distintos hombres, pero me cuesta adaptarme al otro. Por mi experiencia, estoy acostumbrada a que quien esté a mi lado maneje las situaciones y sea compañero. Nunca encontré a un señor con la presencia que busco. Hasta ahora me crucé en la vida con hombres macanudísimos, pero siempre separados o con problemas y la verdad es que no tengo ganas. Pero, sin dudas, me gustaría volver a enamorarme.

–¿Cargás con el peso por ser la "ex de"?

–Por supuesto. Para muchos no soy Soledad Aquino, la chica que ama los caballos, baila flamenco, que toca la guitarra, el bombo, escribe poemas... Soy la ex mujer de Tinelli y siempre me vieron como un trofeo de guerra.

–Ahora que tus hijas tienen noviazgos afianzados –Mica con Tutti Diez y Cande con Nacho Lecouna–, ¿te gustaría ser abuela?

–Por un lado, sí, me vuelvo loca con los bebés. Pero, a la vez, cuando veo a mis hijas, las siento chiquititas todavía. No creo que estén listas para mantener una casa y llevar adelante la crianza de un hijo. Ellas tienen otras oportunidades, tienen la posibilidad de viajar, conocer, emprender proyectos... Pero son mujeres muy cariñosas y sé que cuando se conviertan en mamás van a ser excelentes. Seguramente, las mejores.

Texto: Paula Galloni
Fotos: Paul Roger .