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Revista ¡HOLA! Argentina
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13 JULIO 2013     

Delfina Frers: "Quiero que mis hijos y nietos tengan otra Argentina"

Como candidata a diputada nacional por Compromiso Federal -el partido que encabeza su novio, Alberto Rodríguez Saá-, habla de política y cuenta cómo planea alcanzar el sueño de ocupar una banca en el Congreso

 
Recibió a ¡Hola! Argentina en las oficinas del Palacio El Victorial, el histórico teatro ubicado en el corazón de San Telmo que hoy funciona como búnker del partido Compromiso Federal.. 

Está entusiasmada. Y eso lo deja bien claro tras el saludo de bienvenida. "Es la primera vez que tengo la oportunidad de intentar cambiar realmente las cosas", dice Delfina Frers (55) mientras toma un mate cocido en uno de los imponentes salones del Palacio El Victorial, el búnker donde su novio desde hace tres años, Alberto Rodríguez Saá (63), digita milimétricamente los pasos de Compromiso Federal, la alianza con la que planea proyectarse a nivel nacional. Desde que aceptó integrar la lista para las próximas elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) como candidata a diputada nacional, Delfina debió reordenar su agenda para darle prioridad a la política. Siempre, claro, con el consejo y el respaldo incondicional de su "chico" –así le gusta a ella llamar al ex gobernador puntano–, quien también se sumó a la carrera por conquistar un lugar en el Congreso y se postula como candidato a senador por la Capital Federal.

"Todavía me las rebusco para no perder mi rutina cuando estoy en San Luis. Corro en bicicleta 40 kilómetros, continúo con mis clases de tres horas de violín y sigo organizando las carreras de ciclismo que tanto me apasionan", cuenta.

–¿Cómo surgió la idea de dedicarte a la política?

–Desde 1983 hasta el día de hoy, siempre intenté involucrarme con la realidad del país. En su momento milité en la Ucedé y después me afilié al partido de Alberto, Es Posible. Mientras armábamos las listas de las PASO, Carlos Maslatón me invitó a sumarme. La propuesta me hizo sentir muy bien. Por primera vez me daban la posibilidad de contar todo lo que sé. Soy una ferviente creyente de que se puede cambiar el país. Y si bien me resultaba atractiva la idea de hacer política, primero quise consultarlo con Alberto. Y él, tan divino como siempre, me apoyó. "Yo voy a ser feliz si me decís que sí. Y si decís que no, también". Sé que estoy lista. Desde hace tres años vengo acompañando a mi pareja y difundiendo la escuela de gestión de San Luis.

"Hace tres años que acompaño a un político, he sido una total observadora de la realidad. Sé que estoy lista para este desafío"

–¿Creés que ese modelo puede replicarse en el resto del país?

–Por supuesto. San Luis es una maqueta de lo que podría ser Argentina. Claro que las problemáticas son distintas, pero para todo hay una solución. Si la hubo para San Luis, ¿cómo no la va a haber para el resto de las provincias?

–¿Cuáles son los problemas más importantes para vos?

–Tomé como bandera el cuidado del medio ambiente. Es un tema que a nosotros nos preocupa mucho, y digo nosotros porque hoy me siento parte de San Luis. Queremos cuidar el medio ambiente. Tenemos que salvar el Riachuelo, no es verdad que no se pueda recuperar. Se logró limpiar el Danubio, que estaba mucho más contaminado… Sé que es un gran desafío, pero también es cierto que ni la Nación ni la ciudad de Buenos Aires se quieren ocupar. Se pasan la bola. Bueno, nosotros queremos ir derechito con eso; además de insistir con la inclusión social. ¿Qué hacés con la gente que le pagás, le das un sueldo para que se quede en su casa y no trabaje contra los que están trabajando? Bueno, yo te digo algo. El que trabaja se siente útil mientras que la persona que no trabaja se aburre. El empleo ordena la sociedad. No va a ser fácil, porque hay mucha gente que está acostumbrada a pedir y no dar nada.

"Me gusta compartir con Alberto este camino. Estamos en el mismo barco. El quiere verme feliz, no me pone límites. Ni yo a él"

–¿Alberto te aconseja?

–No es necesario. Si yo necesito un consejo, se lo pido. Hace tres años que acompaño a un político. He sido observadora de la realidad total.

 
En un luminoso patio central art déco, Delfina planea su futuro. 

–Va a ser un verdadero desafío para la pareja compartir también el trabajo...

–Sí, va a ser difícil, pero por otro lado siento que con Alberto estamos en el mismo barco. Los dos tenemos clarísimo nuestro rol en la pareja. Nos amamos y también respetamos las decisiones y los espacios de cada uno. No hay nada peor que ser un collar de melones. Creo que cuanta más alegría le pongas a la vida y te alegres por los logros del otro, mejor vas a crecer como persona. Y la pareja también crece. El quiere verme feliz, no me pone límites. Ni yo a él. Por eso, si puedo colaborar para que Alberto le traiga soluciones a Argentina, lo voy a hacer, porque soy parte de él y de su vida.

"Los hijos que traje al mundo van a ser mi responsabilidad hasta el día que me muera. Por lo tanto, si puedo hacer algo para que estén mejor en el país en el que viven, lo voy a hacer"

–¿Cuál fue la reacción de tu familia ante la decisión?

–No les sorprendió en absoluto, "nada nuevo bajo el sol" me dijeron. [Risas]. Yo creo que están felices. Para mí era muy importante su apoyo porque, en definitiva, esto también lo hago para y por ellos. Los hijos que traje al mundo van a ser mi responsabilidad hasta el día que me muera. Por lo tanto, si yo puedo hacer algo para cambiarles el país en el que viven, lo voy a hacer. Ojalá me crean digna de este nuevo rol.

–¿Qué pensás de que cada vez haya más mujeres ocupando lugares importantes en política?

–Es que tiene que ser así. Yo no puedo admitir que la mujer no tenga un lugar en cualquier ámbito. Cuando me metí de lleno al automovilismo era la única que corría en el TC 2000. Nunca me dejé amedrentar ni pretendí un trato especial. Una puede manejarse en la política sin perder la feminidad.

–¿Creés que con Alberto van a llegar lejos?

–No me planteo mucho eso. Lo voy a seguir hasta donde él llegue. Siempre juntos. Así fue nuestra relación desde el principio y lo va a ser hasta el final.

–Después de tres años, ¿hay planes de boda?

–No, por el momento no está en la charla. Yo sé que vamos a estar todos los días de nuestra vida juntos. Así somos felices. Creo que el casamiento es una presión que nos demandan los de afuera. Para nosotros esa presión no existe.