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23 AGOSTO 2013     

Dolores Barreiro: "Matías quiere tener una heredera"

La modelo y diseñadora viajó con su familia a Ushuaia

 
Foto: Revista ¡Hola!

En su adolescencia, Dolores Barreiro (38) se volvió una especialista del slalom. Con sus hermanos, Milagros, Guadalupe, Trinidad y Horacio, viajaban cada invierno a diferentes centros de esquí para disfrutar de la nieve. "Mis padres nos dieron la posibilidad de practicar este deporte desde chicos y para mí eso es impagable. Siempre me encantó esa sensación de deslizarme por la nieve", confiesa la top model. Por eso, cuando se convirtió en mamá quiso repetir la experiencia. Junto con su marido, Matías Camisani (42), decidió que cada año convertirían en un ritual las escapadas familiares a la alta montaña. Esta vez, la cita con sus cuatro hijos, Valentino (12), Salvador (9), Milo (7) y Suria (1 año y ocho meses) fue en Cerro Castor.

–¿Fue la primera visita a la nieve del "benjamín" de la familia?

–No, es la segunda, pero el año pasado no lo disfrutó tanto porque era muy bebé. Ahora tiene casi dos años, camina y tiene más contacto con la naturaleza. En esta oportunidad nos acompañó mi suegra, Virginia, que se quedó cuidándolo. Tuvimos la suerte de estar en un lugar muy exclusivo, en plena montaña, y salíamos de la cabaña listos para esquiar. Cuando "Suri" veía que nos íbamos, se colgaba su camperita porque quería sumarse.

 
Foto: Revista ¡Hola!

–¿Son todos deportistas?

–¡Sí! A Matías le encanta hacer deporte, aunque yo no soy de hacer cualquier cosa. Practico yoga desde hace muchos años y me entreno a diario, pero lo hago por mi salud, por lo estético y porque me da endorfinas. Y a los chicos les encanta esquiar, todos los años quieren volver. Ellos disfrutan mucho porque es algo que compartimos en familia. Desde Valentino, que empezó cuando tenía 3 años, hasta Milo, todos esquían en la montaña.

–Y Suria empezará pronto...

–Es un chico muy despierto, creo que el año que viene ya se va a poner los esquís porque se desespera por compartir con sus hermanos. Como es el más chiquito, tiene a todo el mundo a sus pies. Matías dice que va a ser el "bebito" por siempre, como mi hermana menor, Bernardita, la pequeña mimada de los Barreiro.

–Ahora que tenés cuatro hijos, ¿sos una mamá distinta?

–Creo que en toda familia numerosa el más chico tiene el camino allanado y las puertas más abiertas, porque uno como papá tiene menos miedos y es más maduro. A Matías lo cargo y le digo que Suria es el hijo de la vejez, porque se le cae la baba. Es su pequeño "tirano", porque hace lo que quiere y nos tiene muertos a todos.

–Alguna vez contaste que en tu casa el que pone los puntos es Matías. ¿Sigue siendo así?

–Sucede que Matías es realmente un gran padre de familia y cumple el rol a la perfección. De todos modos, no soy de las mamás que amenaza a sus hijos y les dice: "Cuando venga tu padre vas a ver". Eso es demodé total. Pero siempre que los reto después me arrepiento, porque me convencen fácil. Matías es más firme, determinante y sabe marcar límites.

–¿Cuáles son las cualidades de cada uno de tus hijos?

–Aunque mucha gente dice que son iguales, yo no puedo creer que sean hijos de los mismos padres. Para mí, cada uno es muy distinto del otro, en su físico y en su personalidad. Valentino, con sus 12 años, es un lector innato. Es fanático de Tintín y de Asterix. Si bien van a una escuela Waldorf, orientada a desarrollar el interés de cada chico, yo también les transmití mi pasión por la literatura. Es una aventura que se les tiene que inculcar desde que aprenden a leer. Mientras, Salvador es un apasionado por la naturaleza. Mi suegra dice que él vivió muchas vidas. Se la pasa mirando NatGeo y se instruye acerca de la vida animal. Y Milo...

–Es el más rebelde.

–¿Cómo sabés? La cara de travieso lo vende, ¿no? [Se ríe]. Es la belleza personificada, además de un gran artista. Dibuja sin parar, todos los días. Tiene un sentido de la estética que asombra y es muy creativo.

–¿A alguno le gusta la música como a Matías?

–A "Suri". Toca la guitarra parado, levantando un piecito. Es para "comerlo", porque agarra perfecto la guitarra que le regaló su papá.

–¿Cómo se llevan los cuatro?

–Muy bien. Tener varones en la casa transmite una energía intensa, muy arriba, pero son muy artísticos y eso también brinda tranquilidad. Yo que me crie entre mujeres y un solo hombre, puedo decir que los varones son más simples y directos. Cuando hay una pelea se soluciona a las piñas, pero se amigan enseguida y tienen muchas cosas en común. Los domingos, por ejemplo, Valentino planea juegos. Por ahí se pasan cuatro horas armando una ciudad con legos o se disfrazan de caballeros y sacan cosas de todos lados. ¡Mi casa es un lío!

–Naturalmente, son una familia grande...

–Somos un montón y en casa no se permite decir eso de que "hasta acá llegamos", porque cuando nos fuimos del Sanatorio Otamendi con Suria, Matías les dijo a las enfermeras que nos volveríamos a ver con la beba. El quiere tener una heredera. Ni siquiera puedo decir que la fábrica está cerrada.

–Entonces, ¿van a buscar una princesita?

–Matías quiere que así sea, aunque no planeamos nada en conjunto [Se ríe].

–¿Hay fórmula para la perfección?

–No hay nada perfecto, solamente lo que uno ama. Cuando hay amor las diferencias las vas sorteando día a día. Nos casamos muy chicos y realmente fue por amor y todo lo que sostenemos lo mantenemos con esa fuerza. Ahí está el secreto.

–¿Qué es lo que te sigue conquistando de Matías?

–¡Todo! Y lo sigo eligiendo a diario. Me gusta como hombre, como padre, como compañero, como amigo. Me encantan su honestidad, su inteligencia y su arte.

–El pasado 21 de junio cumplieron dieciséis años juntos. ¿Celebraron de alguna forma especial?

–Coincidió con un viaje por España e India. Ese día comimos en nuestro lugar favorito de Delhi y, como siempre, la pasamos muy bien.

–India es un lugar muy importante para ustedes.

–Nos enamoramos de ese país hace muchos años. Siempre tenemos ganas de volver y conocer algo nuevo. En Delhi, que es adonde siempre vamos en busca de inspiración, Matías sacó muchísimas fotos y planea hacer un libro. El estuvo allí diecisiete veces.

–¿Qué dicen los chicos de tener padres conocidos? ¿Se dan cuenta?

–Nacieron con eso y les es totalmente natural. Tienen la suerte de que en su entorno no es un tema, ni tampoco para Matías ni para mí, que nos conocimos gracias a nuestros trabajos.

–¿Alguno de tus herederos se siente atraído por el modelaje?

–Por ahora no. Y es lógico, porque son varones. Para mí, esta es y ha sido una carrera espectacular y me siento afortunada por ser una de las modelos argentinas de alta gama. Para Matías también fue una experiencia grandiosa, porque conoció el mundo, vivió en Europa y ganó plata para comprarse su casa. No quiero imponerles nada a mis hijos. Aunque suene a un cliché, solo quiero que sean felices.

Texto: Paula Galloni
Fotos: Matías Cullen @FOTiar .