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Revista ¡HOLA! Argentina
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07 OCTUBRE 2016     

A solas con Lía Salvo, tras su histórica consagración en el abierto del Jockey Club

En una entrevista íntima, la mejor polista del país revela su costado menos conocido: habla de amor, de moda y cuenta su historia en un deporte dominado por hombres

En las caballerizas que ocupa en Pilará, el color rosa y las flores pintadas en carteles, sillas y bolsos se mezclan con naturalidad con tacos, bozales y fardos. Lía Salvo (28), la polista con mayor handicap del país –y una de las tres mejores del mundo– no descuida su “perfume de mujer” ni aun moviéndose en un mundo que parece reservado para los hombres. “Aunque me encanta arreglarme, esta altura de tacos es demasiado para mí”, confiesa entre risas, mientras se baja de los stilettos con que posó en esta producción para ¡Hola!

Si bien hace mucho que su nombre suena en el ambiente, desde hace dos semanas está en boca de todos: de la mano de Adolfo Cambiaso, acaba de hacer historia al convertirse en la primera mujer en disputar ¡y ganar! un torneo de alto handicap: el Abierto del Jockey. “Yo no buscaba semejante oportunidad... ¡pero ahora no descarto algún día jugar un partido de la Triple Corona!”, dice.

–¿Lo conocías a Adolfito?

–Sí, tiene una linda relación con papá [Héctor Salvo], que cría caballos y, aunque nunca lo hizo de manera profesional, jugó en Namuncurá Polo Club y llegó a tener 6 de handicap. Pero la idea de jugar un torneo “grande” surgió desde El Paso Polo Ranch, el club de mi tío, José Luis Salvo. Hace tres años se sumó a la organización Andrea Ferreira, que es una apasionada del deporte, y nos metió en la cabeza la idea de presentarnos en los torneos más importantes. Con estas ganas nos acercamos a Adolfito para que nos recomendase algunos jugadores… ¡y él propuso jugar conmigo el Jockey! Después empezó a armar el equipo, algo complicado porque yo daba mucha ventaja para los rivales, y sumó a Juan Manuel Nero y Pablo Mac Donough. Fue inesperado, muy sobre la fecha.

–¿Sos consciente de que marcaste un hito?

–A medida que pasan los días me voy dando cuenta de lo que logramos. Yo sólo sueño que esta experiencia ayude a otras chicas.

–¿Es difícil vivir del polo como mujer?

–No me resultó tan difícil porque papá ayudó a que se me abrieran algunas puertas. Si bien nunca pasé un mal momento, reconozco que es un mundo machista. Pero cada vez somos más mujeres y veo que los padres se entusiasman con que sus hijas practiquen este deporte.

–¿Cómo se vive de esto?

–Tengo algunos sponsors. Me llevan a jugar exhibiciones afuera o partidos a beneficio, y cuando las polistas extranjeras vienen acá yo les doy clases en El Paso, que está entre Luján y Mercedes.

–¿Qué sentiste en la cancha del Jockey?

–El primer partido fue el mayor desafío de mi vida. Sabía que había mucha gente ahí, incluida yo, que pensaba: “¿Qué va a hacer esta mujer?”. Tenía miedo de quedarme sola, boyando, y quemarme para siempre. Pero Adolfito me transmitió una confianza tan grande que me convenció de que lo podía hacer. Es un gran líder, sabe en qué yegua anda Juan Martín, si anda bien la de Pablo, quién está en la tribuna, le da la cabeza para todo.

–¿Te prestaron caballos?

–Sí. Yo llegué con mi organización, pero ellos me mejoraron el lote. Antes del Jockey hicimos dos prácticas en La Dolfina, una de ellas contra Chapa 2. Después me di cuenta de que la elección del rival no fue accidental: desde mi posición me tocaba estar mano a mano con “Pepe” Heguy, que es el 1 más pícaro del polo, y con el “Ruso” Heguy. “Pepe” me aconsejaba: “Por ahí no porque te saco la bocha en dos minutos”. Lo mismo que el “Ruso”. No me perdonaban nada, fue genial.

–¿Qué te dijo Adolfito una vez que alzaron la copa?

–Estaba muy contento y dijo que esto le hacía bien al polo de mujeres. Él abre puertas sin pedir nada a cambio, es muy generoso.

–¿Cómo es tu circuito?

–En invierno voy a Europa a jugar. Después hago la temporada argentina, me instalo en América, provincia de Buenos Aires, donde nací y vivo. Ahora estoy trabajando en un proyecto con Milo Fernández Araujo y Adolfito: con sus hijas (Mila y Cande Fernández Araujo, y Mia Cambiaso) armamos un equipo para jugar un Gran Prix en noviembre. Después vienen Palm Beach, Inglaterra, Sotogrande, Francia...

–¿A qué edad empezaste a taquear?

–A los 10 años. Desde chica le decía a mi papá que quería taquear, pero él no me hacía caso, era muy machista. Pero le gané por cansancio. A los 14, me dijo que había encontrado un club, El Metejón, de María Chavanne, en Cañuelas, ideal para mí. Ella arma unos torneos re lindos… ¡Y yo no podía creer que había otras chicas a las que les gustaba tanto el polo como a mí! Al terminar el colegio, mis padres me dieron un año para buscar qué quería hacer, porque no estaba segura. Ahí decidí dedicarme de lleno al polo. “Si lo hacés, te pido que lo hagas bien”, me dijo papá. Él fue mi maestro, es quien me corrige todo. Tiene una mirada crítica pero desde el amor.

–¿Y tu mamá?

–Se llama Alejandra Ratto, es ama de casa y se adaptó bien al mundo del polo, siempre fue muy positiva.

–Vivir entre caballos y petiseros no parece compatible con la coquetería, pero en tu caso…

–¿Quién dijo que no puedo jugar al polo y ser femenina? A mí me encanta cambiarme para salir y con los años me volví “pilchera”, disfruto de salir de shopping con amigas, aunque no viva pendiente de eso.

–Hablemos de amor…

–Estoy de novia desde hace seis años con Juan Manuel Rojas. Nos conocimos por amigos en común y él ya sabe cómo es mi trabajo, lo entiende. Tuvimos tiempos duros en los que yo viajaba mucho más y quizás al principio podíamos tener dudas de qué estaba haciendo el otro, pero ya no. Es abogado y juega al rugby en Liceo Naval, pero todas sus vacaciones viaja conmigo.

–¿Ya tienen planes de casamiento?

–Sí, queremos casarnos y tener hijos. Por ahora estamos buscando dónde mudarnos. Ya se verá cómo se compatibilizan las cosas. Voy paso a paso.

  • Texto: Lucila Olivera
  • Fotos: Tadeo Jones
  • Producción: Romina Giangrecco, para RGF Style Coaching
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