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Revista ¡HOLA! Argentina
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27 OCTUBRE 2016     

Jean-Paul Gaultier: "Juliana Awada es inteligente, elegante, graciosa; parece una mujer fuerte"

En su paso por Buenos Aires, el diseñador se reunió con la primera dama argentina

–¿Cómo te adaptaste al cambio de reglas y a la globalización de la moda?

–Creo que hay tanta ropa en el mercado, tantas vidrieras, las tiendas online, que crea una suerte de histeria. El que vivimos es un momento histórico de caos en todos los terrenos: social, político y hasta climático. Todo cambia y cambia tan rápido que el disturbio es enorme. Y a la moda la perturba la realidad. Creo que lo mismo pasa en la televisión: es tanta la oferta que cada vez hacemos más zapping y tenemos más confusión. Yo dejé de hacer mis colecciones prêt-à-porter.

–¿Por qué?

–Yo valoro la libertad, no me gusta seguir la tendencia. Y hoy es difícil, casi imposible, competir con gigantes low cost como Zara, H&M, Uniqlo… Su ropa es cada vez mejor y muy barata. Me dedico solamente a alta costura, a cápsulas especiales y hago vestuario de teatro, que me fascina.

–Hablemos de las veneradas alfombras rojas…

–La alfombra roja ha perdido la magia. Está paga y por lo tanto perdió encantó, se contaminó con plata y contratos.

–En cuestión de ropa, ¿está todo inventado?

–¡No! Cuando hay caos, solamente con creatividad se puede repensar el sistema. La moda es un reflejo de la sociedad que vive un momento caótico. Pero en crisis hay oportunidad de crear, de inventar.

–¿Creativo se nace o se hace?

–Todos nacemos iguales y después nos desarrollamos. Yo soy hijo único, educado principalmente por mi abuela, quien me dejaba libertad para mirar cualquier programa de televisión. No era bueno en los deportes, menos para el fútbol. Nadie me quería en su equipo y yo tampoco pretendía integrar ninguno. Un buen día, la maestra me vio dibujando unas bailarinas de Folies Bergère con plumas y medias de red y entonces me puso el boceto en la espalda y me hizo caminar por el colegio. Lejos de burlarse, el resto de los alumnos empezó a apreciar mi pasión y me descubrieron bueno para eso, para el dibujo y el diseño.

–Fue tu desfile de bautismo.

–Creo que sí. Ese día me empezaron a valorar mis compañeros y entendí que lo mío era el diseño.

–¿A quién le estarás eternamente agradecido?

–A mi madre y a mi abuela. Yo soy un chico de los suburbios, de clase media, crecí en una familia tan modesta como abierta mentalmente. Me criaron con libertad, me enseñaron a sonreír, a ser positivo en mi actitud, a emprender lo que me gusta con amor. Soy un privilegiado. Mamá me alentó siempre: “Si querés lo que hacés, vas a tener éxito”. Ella murió bastante joven, pero vio mis comienzos y estuvo orgullosa, aunque le parecían locas esas propuestas.

–¿Tenés heroínas de estilo?

–Mi teddy bear de cuando era chico sigue siendo mi maniquí. [Se ríe]. Yo soy de la generación en la que la mujer se liberó y quemó sus soutiens. A mí me gusta la mujer que elige libremente cómo vestirse, la que usa velo porque ella quiere y nadie se lo impone. Adoro la mujer que es más fuerte y más inteligente que el hombre y, por suerte, son cada vez más. Me gusta la diversidad, no me caso con un estereotipo. Creo que la belleza llega tarde, con la edad porque viene del cerebro y del pensamiento.

–¿Hiciste amigos en el planeta fashion?

–Uno solo, Martin Margiela, quien fue mi asistente. Él es un valiente, se retiró a los veinte años de carrera cuando no estuvo de acuerdo con las nuevas reglas y conglomerados, en los que solamente se mide la productividad. Yo cumplí cuarenta años de carrera.

–¿Estás cansado?

–No. Mi único secreto es el trabajo y tengo la misma pasión que al principio. No me guío por el chisme y el qué dirán. Soy un suertudo: hago lo que me gusta.

–¿Cuál es tu gran logro?

–Ser libre y honesto.

–¿Sentís que la fama y la gloria te cambiaron?

–No creo. Ojalá me recuerden como alguien honesto, que hizo moda con amor y pasión.

Texto: Dolores Paillot.