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01 FEBRERO 2017     

Yanina Screpante: confesiones frente al mar

La modelo y diseñadora de interiores cuenta los detalles de su vida en China, adonde se radicó junto a su pareja, Ezequiel Lavezzi

 
La decoración es su trabajo, aunque aún hace fotos como modelo. Se ocupa de las propiedades de su novio en Buenos Aires y Rosario y sigue de cerca la construcción de la casa en José Ignacio. “Lo hago porque me gusta y sé de lo que trata. Jamás podría meterme en un ámbito que desconozco. ¿Ser manager.  Foto: Matías Salgado

Mientras relata sus días en Qinhuangdao, una ciudad balnearia a 300 kilómetros de Pekín, es imposible contener la risa. Pareciera que nació para contar anécdotas: su verborragia es tan avasallante como su carácter, y Yanina Screpante (33) rescata escenas hilarantes de cada experiencia vivida en Oriente. “Allá no puedo ni comprarme una gaseosa sola, necesito a la traductora para todo. Por eso, vivir en China es un ‘chino’”, define. Si bien sólo estuvo allí dos meses, luego de que su novio, el futbolista Ezequiel “Pocho” Lavezzi (31), firmara un contrato de veintitrés meses –valuado en 30 millones de euros– con el club Hebei China Fortune, le resultó suficiente como para desentrañar cómo será su 2017. “Como Pocho sufrió una fractura del codo izquierdo durante la semifinal de la Copa América [ante Estados Unidos, en junio de 2016], terminamos volviendo a Argentina para su recuperación. Y sólo regresamos a China unos días en noviembre, para el cierre de la temporada, que empieza en abril”, explica desde Las Garzas, el emprendimiento de Eduardo Costantini en Laguna Garzón, adonde fue a pasar un día con amigos. Está instalada en el Este desde fines de diciembre –fue para celebrar el Año Nuevo–, un hábito que adoptó con Pocho desde hace seis años y medio, cuando se conocieron. Y ahora que él partió rumbo a Kuala Lumpur para comenzar con la pretemporada junto a su club, la modelo, que además es diseñadora de interiores, decidió que gozaría al máximo de los últimos días de playa.

–El año pasado dejaste París [en donde vivió durante cuatro años] para radicarte en China.

–Pero terminamos viviendo casi todo el año en Argentina por la lesión de Pocho. Todo impensado. También, como algo atípico, pudimos disfrutar de casi veinte días en Punta. Primero, nos fuimos del 18 al 23 con Tomi [el hijo de 11 años que Ezequiel tiene con una pareja anterior y que vive en Rosario] los tres solos. Pasamos Navidad en Rosario con la familia de Pocho y volvimos a Punta para el 31. Habíamos alquilado una casa en José Ignacio durante todo diciembre, pero nos surgió recorrer la ruta del vino en Francia e Italia. Viajamos con parejas de amigos, hicimos el Piamonte y después Bordeaux. Nos fanatizamos con el vino desde que vivimos en Francia y conocimos a un sommelier italiano que se llama Enrico Bernardo, uno de los mejores del mundo.

–A diferencia de otros futbolistas, que enseguida se casan y tienen hijos, ustedes aprovechan su noviazgo para hacer viajes y pasar tiempo con amigos.

–Así tenemos un eterno romance, no seguimos una rutina. Además, Pocho no es nada organizado. Nunca sabe cómo será su calendario, todo lo terminamos arreglando a último momento. Y yo soy todo lo contrario. Por suerte, me avisó con tiempo que tendrá la semana que viene libre y por eso viajo a Madrid para poder estar con él. Vamos a recorrer el sur de España, una zona en la que nunca estuve.

–¿Cómo te preparás para instalarte en Oriente? ¿Tienen casa?

–Voy a viajar en abril y ya me voy a quedar allá. Tenemos una casa desde el año pasado en un barrio cerrado frente a la playa, pero todavía no pudimos disfrutar del mar porque fuimos en otoño. Fue difícil elegirla: allá las propiedades tienen un estilo muy particular, recargadas, con muchos colores. Nuestra casa era el showroom del barrio, pero ya me encargué de decorarla. Adaptarla a lo que nosotros queríamos llevó cerca de un mes, así que mientras vivimos en un hotel. Estando ahí llegó un punto que no dimos más, principalmente porque comíamos todos los días lo mismo. En casa tenemos un cocinero italiano, además de una traductora que nos acompaña a todos lados, un chofer y una pareja que se encarga de la limpieza de la casa. Si sos occidental y no hablás chino, necesitás ayuda para todo.

–¿Cuánto tiempo tienen pensado quedarse allá?

–Nos quedaremos un campeonato más, por ahora. De abril a noviembre de 2017. Queremos ver cómo nos sentimos este año que sí vamos a estar instalados en China.

–¿Tenés planes de trabajar allá como diseñadora de interiores?

–Es imposible. Pero mientras estuve en Argentina trabajé bastante. De hecho, ahora estoy terminando un proyecto grande: reciclando y decorando el departamento del novio de una amiga. Lamentablemente mientras viva afuera no voy a poder ejercerlo como quisiera. Si tomo un trabajo, me gusta estar en todos los detalles, soy perfeccionista. No puedo hacerlo a larga distancia. En mi casa de Buenos Aires [ubicada en Highland Park Country Club] también hice cambios y arreglos; además, estoy detrás de la refacción de la casa de Pocho en Rosario y la construcción de una propiedad en José Ignacio. Y si surge algo como modelo, también lo hago.

–Relegaste un poco tu carrera para acompañarlo...

–Por ahora, es así. Sé que el día de mañana vamos a vivir en Argentina y ahí voy a poder ejercer mi profesión. Mientras, estoy disfrutando de las experiencias de vida que me deja vivir en el exterior. Para mí, estar rodeada de otras culturas es enriquecedor. No soy de extrañar además. Si tuviera que quedarme un tiempo más viviendo afuera, lo haría.

–Como mujer de un futbolista, ¿qué tal te llevás con su fama internacional?

–Por momentos, me incomoda. Para mí, es una persona normal y a veces me gustaría poder compartir con él como una novia común y corriente. Por ejemplo, si estamos en un evento, todos los invitados le piden fotos. Entonces quedo colgada. Pocho se enoja cuando le reclamo, dice que soy mala onda. Pero lo conozco desde hace casi siete años y su fama ahora no es la misma que la del principio. Me cuesta acostumbrarme.

–Cuando llegó la propuesta de radicarse en China durante dos años, ¿hubo una charla entre ustedes antes de que él tomara la decisión?

–En realidad, el año pasado, cuando llegó la propuesta, nosotros estábamos distanciados. Yo estaba en nuestra casa de Buenos Aires pero estábamos en crisis. Así que fue una decisión personal de él. Pero como no tenemos hijos, podemos hacer un esfuerzo. Quedé muy shockeada por costumbres que tienen los chinos, como escupir todo el tiempo, pero también son sumamente respetuosos y todo lo que se proponen aprender lo logran. Lo que están haciendo con el fútbol es más profundo de lo que parece: no sólo llevan futbolistas reconocidos; están proyectando que los chicos y jóvenes se formen en el deporte. Por otro lado, si bien el comunismo terminó hace casi cuarenta años, viven en un capitalismo emergente. Casi no tengo ni señal de internet para usar el celular, menos para ver una película.

–Tal vez, estando solos allá les den ganas de dar un paso más: casarse o tener un hijo.

–Siempre cuento lo mismo: Pocho quiere tener un hijo y yo, antes, quiero casarme. Seguimos igual, no avanzamos. Las pocas veces que lo hablamos él me dice que soy estructurada, pero la verdad es que quiero la fiesta, el vestido y tener un hijo de mi marido. Cumplí 33 años, no quiero hacerlo cuando tenga arrugas.

–Hace poco hubo rumores de embarazo…

–¡Me reí! Aparentemente todo fue por una foto que subí en mi cuenta de Instagram en la que me toco la panza. Pero ahí también estoy tomando una copa de vino, sería una madre borracha, irresponsable. [Risas]. Hijos, por ahora, no. Menos viviendo en China, donde no puedo ni comunicarme.

–Cuando ves a Pocho como papá, ¿te dan ganas?

–Por ahora, no me pasa. De hecho, hace unos días unos amigos me dieron a su hija de un año y medio para cuidárselas un rato. Lloró todo el tiempo que estuvo conmigo, no podía calmarla. Cuando llegó Pocho, la agarró y la calmó. Me dio ternura pero también sentí que todavía yo no estoy preparada para la maternidad. Eso sí, en Pocho descubrí a un buen babysitter. [Se ríe].

  • Texto: Paula Galloni
  • Fotos: Matías Salgado
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