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Revista ¡HOLA! Argentina
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28 JULIO 2017     

Nazareno Casero: "Con mi viejo somos cariñosos o despiadados, según el momento"

En su primer round con ¡Hola! Argentina, el heredero de Alfredo Casero habla de su transformación física y revela: “Hace tiempo que vengo focalizado en lo que necesito y eso no me da mucho tiempo para el romance”

 
“El talle no lo cambié, pero sí la percha”, cuenta en el gimnasio del club Comunicaciones, donde entrena artes marciales mixtas. “Algunos se mandan la parte con el auto y otros, como yo, con los abdominales. Aunque en Instagram juego a que me divierte verme bien, trato de no equivocarme: soy conscie. 

Nos cita un viernes a las seis y media de la tarde en el Club Comunicaciones, ese “gigante” de 18 hectáreas en el corazón del barrio Agronomía, donde descubrió la pasión por el fútbol… Y su identidad. “Hasta los 14 no tuve un lugar de pertenencia”, explica Nazareno Casero (31), el único hijo varón de Alfredo Casero (54), fruto de su primer matrimonio, con Claudia Galar. “Nací en el Bajo Flores, pero durante varios años nos movimos mucho. Antes de que mi viejo se mudara a Agronomía y yo me fuera con él, vivimos en Lugano, Parque Patricios, Moreno, La Reja, San Telmo y La Boca”, continúa el actor, que tiene dos hermanas, Guillermina (32), también hija de Claudia, y Minerva (17), fruto del segundo matrimonio de su papá, con Marisa Rogel.

“Como no me sentía de ningún lugar, tampoco tenía un club propio. Fui de Racing por Diego Capusotto, de Independiente por Mex Urtizberea y de River por Fabio Alberti. Las cosas cambiaron cuando nos instalamos cerca del club y me hice amigo de chicos de ahí, que me llevaron a mi primer partido de Comu, cuenta Nazareno, que por estos días interpreta al heredero del dueño de un frigorífico en Las estrellas, la tira del primetime de El Trece. “El equipo recién había ascendido de la D y todavía me acuerdo el impacto que me generaron esos dos colores juntos –amarillo y negro– y el terreno de juego hecho pelota. Ahí fue cuando dije ‘yo quiero ser hincha de estos pibes’”, agrega, mientras tira golpes en el gimnasio del club de sus amores para ¡Hola! Argentina.

–¿Cómo llegaste a las Artes Marciales Mixtas [MMA, por sus siglas en inglés]?

–Por mi amigo Francisco Fernández de Rosa, que se convirtió en luchador profesional y hoy es mi entrenador. Es un deporte interesante, con muchos más movimientos que los de una rutina de gimnasio y en el que entrenás tu única herramienta, que es tu cuerpo. Un felino tiene dientes y garras para defenderse, pero un ser humano no tiene nada: cierra el puño y golpea con un manojo de huesos.

–¿Te gusta pelear?

–No. Tengo mucho para perder. Dejé de jugar al fútbol, que es mi deporte preferido, porque un movimiento pavo puede dejarme en cama seis meses. Con las artes marciales pasa al revés: cuanto más aprendés, menos querés pelearte. El placer tiene más que ver con el aprendizaje de una nueva actividad y la descarga.

–¿Te considerás un adicto al ejercicio?

–No, porque no me paso el día entero en el gimnasio. Entreno tres, cuatro veces por semana y voy a MMA cuando puedo. Durante el verano entrené muchísimo, pero estos primeros seis meses del año fui sólo dos veces. Es más bien un complemento.

–¿Qué te llevó a querer transformar tu cuerpo?

–Estaba haciendo El secreto de la vida, una obra de teatro de Muscari, y me di cuenta de que mi carrera se desarrollaba en una órbita relativamente chica y que si quería más, tenía que hacer cosas nuevas, como entrenar. Entendí que tener el cuerpo trabajado me iba a permitir hacer nuevos papeles y me animé a recorrer un camino que empezó tres años atrás. El talle no lo cambié, pero sí la percha, y todo cobró aún más sentido cuando empecé Historia de un clan. Ya estaba entrenado, pero al lado de Chino Darín, que estaba explotado, yo era el gordo de la tira. [Se ríe]. Después, desde que entreno con regularidad, me levanto con otra energía, me siento sano de verdad. No tengo nudos en la espalda, ni dolores físicos. Me quedó claro que el sedentarismo es mucho peor que entrenar.

UNA TORMENTA PERFECTA

–¿Cuánto tuvo que ver tu ex, la fitness blogger Celeste Failache, con tu transformación?

–Cuando nos conocimos, yo ya había empezado este camino. Ella me enseñó a alimentarme mejor y me mostró que podía cambiar mi estilo de vida sin que eso signifique convertirme en un estresado con la comida.

–¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

–Tres años.

–No se conocieron los motivos de su ruptura [días antes de volar de vacaciones a Aruba, el actor cambió de planes y viajó solo a Nueva York, donde se lo vinculó con Lali Espósito].

–En un momento se cortó, pero no hubo una razón particular. Hace tiempo que vengo focalizado en lo que necesito y eso no me da mucho tiempo para el romance. De todas maneras, sigo viéndome con ella.

–¿Están de novios?

–Seguimos teniendo una relación, compartimos cosas.

–Entonces, ¿cuál es tu estado civil hoy?

–Trabajando. No estoy buscando una relación, pero tampoco estoy soltero. Estoy enfocado en el trabajo, no es más que eso.

–¿Y qué pasó con Lali?

–[Piensa]. Se dijo tanto que ya no sé qué pasó. Lo único cierto es que coincidimos, con más gente, en un bar de Nueva York, y eso es todo lo que voy a decir al respecto.

–Fue tu primera prueba de fama. ¿Cómo es estar en el ojo de la tormenta?

–Da un poco de vértigo y se siente mucha presión. La sensación es que alrededor todo está revuelto y, en ese sentido, no sólo es importante saber de dónde venís y quién sos, sino también rodearte de personas que te aporten calma y contención.

–¿Que tu padre sea una figura pública te ayuda a la hora de gestionar tu propia fama?

–Con él tuve una suerte de simulador de fama y es una gran herramienta, pero salvo en el último tiempo, y por cuestiones de Internet, mi viejo no ha sido una persona mediática. Después, no creo que podamos comparar mi fama con la de Casero, que tiene mucha más gente que quiere hablarle, llegarle, pedirle, conocerlo, entenderlo.

–¿Por qué le decís “Casero”?

–Porque es una figura muy importante y no quiero reducirlo a algo tan simple como “papá”. Además, me parece un poco nabo andar diciéndole “papá” o “pa”.

–Tu padre estuvo varias semanas internado por complicaciones de su by-pass gástrico. ¿Te angustió?

–Fue algo programado. No nos tomó por sorpresa y, por ende, no nos generó angustia. Si bien hay que estar atento cuando una persona está en un hospital, porque hay bastante en juego, no hubo sustos.

–¿Cómo es tu relación con él?

–Nuestra relación es excelente. Nos queremos y nos respetamos. Somos cariñosos cuando debemos serlo y despiadados cuando la situación lo amerita. Tanto él como mi madre me criaron con libertad. Fueron justos y buenos, así que como hijo no tengo nada que recriminarles.

  • Texto: María Güiraldes
  • Fotos: Tadeo Jones
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